lunes, 24 de octubre de 2011

CIELO ESCOGIDO


                Dile a un hombre que él mismo es el hacedor de su propio destino... ¡y despertarás a un tigre durmiente! Si un hombre escoge a un "salvador", su conciencia queda limpia entonces -según sus estándares- y reposa en la cómoda ilusión que ese "cinturón de seguridad" (que él mismo escogió) transportará su recostada forma-y-figura con toda la seguridad del caso a la otra orilla donde, automáticamente... ¡le estarán esperando la vida eterna y los diversos regalos de su cielo propio! Esto ocurre tanto con las llamadas "almas emancipadas" que se han desvinculado de la creencia ciega en la redención que se encuentra en la "sangre del Cordero", como con los miembros ortodoxos de la iglesia. Los "emancipados" simplemente transfieren el peso de su salvación a otra persona -físicamente encarnada o desencarnada-, regresando entonces a los sedantes ensueños que han causado que la raza recalcitrante... ¡se convierta en una mancha sobre todo el sistema solar!
                     Siendo la Paciencia el orden del Cielo, tenemos que hacernos a un lado del camino cuando vemos almas (aflojadas por los tremendos esfuerzos de parte de la Hueste Angélica -especialmente del Arcángel Miguel- y de los Hermanos y Hermanas que representan la liberación de conceptos gastados, errores y equivocaciones nacidos de la tergiversación de las verdades que se le han traido al hombre en cada era) que finalmente se auto-sacuden y liberan del letargo, y que elevan la vista para comprender el mensaje desenvuelto de la actualidad. Entonces, cuando se piensa que ellos al fin están en el Sendero, cual niños deseosos de regresar al útero de la madre, se acurrucan de nuevo a la sombra de su nuevo Redentor, cesan de hacer esfuerzos adicionales... ¡y esperan la salvación por cuenta de los logros del "salvador" designado! Triste es el día cuando se despiertan y encuentran, quizás, que el Redentor ha cesado de caminar sobre la Senda de la Verdad, y que sus propios viajes -que dependen del progreso hacia adelante de la estrella a la que han enganchado sus vagones- se encuentran estancados, o peor aún... ¡han echado para atrás!




Sabio es aquel que toma el cayado en su mano y camina la Senda por cuenta propia, con ojos abiertos, el corazón sintonizado con la voz del Espíritu, y manteniendo su propia vigilancia, sin depender de la falsa seguridad de los logros de otro (aunque, como compañero de viaje, no deja de bendecirle), sino que hace la meta de sus experiencias dependiente de sus esfuerzos... ya que tales son los que alcanzan la Victoria.

Amado Maestro Ascendido El Morya. "El Primer Rayo"

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