viernes, 6 de abril de 2012

Jueves Santo / Amada María, Madre de Jesús

¡Qué bien recuerdo el Jueves Santo! Una vez que los discípu­los y el Maestro terminaron la “Última Cena” y partieron hacia Get­semaní, las otras mujeres y Yo vinimos y recogimos juntas el manto de lino que Yo había tejido y lo doblamos cuidadosamente, ¡sabien­do para mis adentros que en menos de un día ese manto cubriría el aún vital, radiante y hermoso cuerpo de Mi Hijo! 
Con cuidado en­volvimos “La Copa” en un paño y se la dimos a José de Arimatea para que la tuviera a salvo. Esa Copa viajaría lejos, y antes de que termine este fin de semana, les contaré sobre ese viaje. 
La tarde del Jueves Santo, después de haber arreglado el cuarto para que estuviera
en perfectas condiciones al entregárselo al propietario, me aboqué a la oración con toda la fuerza del sentimiento de Mi corazón, ya que al día siguiente enfrentaría la prueba más grande de Mi vida. 


No vamos a revivir los hechos de aquel día, ya que al final culminaron victoriosamente. 
Después de haberles entregado a María, a Marta y a aquellas que ungirían el cuerpo de Jesús, el incienso y la mirra cuidadosamen­te guardados (les recuerdo, desde el día en que nació Jesús en un establo muchos años atrás), 
Juan y Yo descendimos del monte hacia Betania. 
Nuevamente sostuve allí la vigilia con la ayuda del Amado Mahá Chohán. 
Estuve vigilante a lo largo de aquellos días en que el alma de Jesús, separada del cuerpo, 
atravesó los Planos Astral y Psíquico y se preparó para la gloria de Su Día de Resurrección.
"Memorias de la Amada María, Madre de Jesús". Serapis Bey Editores S.A.

Seguidores