sábado, 11 de agosto de 2012

ASOCIACIÓN CON JOSÉ

Llegaron entonces los días en que esperaba la aparición del Guardián de mi vida. Nunca olvidaré el día en que conocí a José por primera vez. No lo podré olvidar porque, detrás de él, por primera vez en muchos años, pude ver la flameante figura del gran Arcángel Zadkiel. De hecho no vi del todo la persona de José, pero yo sabía que todo esto se trataba de él. Detrás y encima de él estaba el "brillante" (Zadkiel, Arcángel del Séptimo Rayo), haciéndome así recordar el Reino Angélico que, me parecía entonces, había retrocedido a las fantasías de la niñez.
Recuerdo los días aquellos cuando José y yo nos preparábamos para el nacimiento de Jesús. Recuerdo como cosía yo los vestiditos para el bebé, y cómo gozaba la asociación con José, quien, de por sí, era un místico y un hombre muy avanzado espiritualmente hablando. Él era miembro de la Hermandad de los Esenios, además de conocer mucho acerca de la Ley, y de instruirme mucho sobre esa materia durante los meses de espera. Juntos planeamos nuestro futuro; juntos oramos por que cada uno de nosotros tuviera la fortaleza para llevar a cabo Nuestra misión con gloria. Así oramos aquella noche en Belén cuando por primera vez enrollé en mi dedo el delicado cabello de Jesús, y José, sonriendo, dijo: "Creo que ya superamos lo peor de la experiencia". Estábamos listos entonces para asentarnos a hacerle frente a los años de crecimiento.
AMADA MADRE MARÍA

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