jueves, 24 de diciembre de 2009

Grandes Seres se ofrecieron como  voluntarios


LORD MAITREYA
No era una misión fácil, amados, y sin embargo, más de unos treinta Grandes Seres se ofrecieron voluntarios. Más de treinta Seres, que habían desarrollado durante siglos la Maestría, Amor y autocontrol y que estaban dispuestos a soportar la iniciación de la crucifixión pública, se mantuvieron firmes cuando en la Pantalla de la vida les mostramos el drama que había de ser representado.¡Treinta y seis seres calificados por sus siglos de existencia!
De entre Ellos, mi discípulo y vuestro Amigo y Maestro Jesús fue escogido, y entonces alrededor de Él fueron atraídas aquellas corrientes de vida que, por su similitud de propósito a través de un entrenamiento similar durante siglos, pudiesen ser la guardia y el poder sostenedor del Amor requerido para verle victorioso.
Cada uno pasó ante Mí, cada uno fue tratado con todos los métodos de iniciación para ver si el alma podría ser lo bastante fuerte en el timpo de vida en la Tierra como para afrontar la tentación de la carne y la tentación más sutil de pensamiento y sentimiento. Después, fueron escogidos los discípulos humildes, la Amadad Madre, el Amodo Padre, y todos juntos fueron ungidos, consagrados y preparados para el drama que honráis durante la Semana Santa.
     
 Uno a uno fueron llamados al Edificio del Karma cuando el ciclo de su patrón de vida estuvo preparado para su presentación ante la Tierra; el Amado José, y la Amada María, y los discípulos. La mayor parte del tiempo crecieron en los sitios designados a cada uno, no conscientes del drama interno que representarían juntos. ¡Entonces llegó la hora del nacimiento del Amado Jesús!

    ¿Cómo puedo describiros el Amor que rodeaba a ese Maestro antes de que escogiese envolver Su Conciencia en el velo de la Tierra, y pasar de la Gloria radiante de la Luz de los Reinos Internos a un cuerpo de carne?¿Cómo puedo describir Mis sentimientos, ya que Yo permanecía detrás del velo con la esperanza de que en algún momento de su Vida en la Tierra Él pudiese atraer un recuerdo de Mi Presencia y reestableciese el contacto sobre el que Yo pudiese esforzarme en dirigir a la mente consciente por desarrollar en Él, la instrucción de la mayoría de la aplicación que Él requería para conseguir Su Victoria?

La separación entre el Maestro y el discípulo
Una de las partidas más tristes (mucho más que cuando dejáis la Tierra)es cuando el alma es atrapada, las alas radiantes cortadas, la Luz brillante de los ojos oscurecida, el beso del Maestro dado en la frente, y el alma baja hacia el olvido; la esperanza del hombre desciende. ¡Oh, recordaré ese día! Recordaré esa noche cuando por primera vez esos ojos se abrieron en un pequeño e insignificante establo, y todavía no podían enfocarse sobre la tierra que Él había venido a salvar.
Bien que recuerdo esos tempranos años cuando Mi Presencia se esforzaba constantemente por ser un escudo de amor alrededor suyo. Bien que recuerdo la fidelidad de la conciencia de María, Quien sostenía para ese Niño el Concepto Inmaculado de su Divina Imagen, Quien cortó de Sus sentidos constantemente toda apariencia de imperfección. Le volvió una y otra vez a la Imagen del Padre y le enseñó, mientras Él permanecía en Sus rodillas, a magnificar al Señor. Bien que lo recuerdo, porque es a través de la conciencia de las almas encarnadas donde Nosotros debemos trabajar. Es a través de los labios del humilde que Nosotros debemos hablar nuestras palabras de recuerdo a otros espíritus, que han prometido servirnos pero que lo han olvidado temporalmente, debido al velo del olvido. Es a través de aquellos que perciben que Nosotros removemos los rescoldos para reavivar la conciencia de Dios.
Bendecimos siempre a la Amada María, y a la fuerte Presencia de José (que tenía tanta Devoción por Dios, y tal reconocimiento de la Hueste Angélica, y Fé para soportar el ridículo en su tiempo), ya que Ellos desplegaron sus vidas humildemente, y no de manera distinta a las de los cientos de hombres y mujeres de Judea, pero sosteniendo en su interior la visión de un Cristo Hombre crecido en ese Niño de ojos inocentes.

Señor Maitreya, del libro "El Amor sigue siendo el Camino"

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