viernes, 4 de diciembre de 2009

La Fuerza de la Oración


Me gustaría traer a vuestras mentes la realización de que la fuerza de la oración de la raza requiere los brazos eternos de energías espirituales para sostenerla y empujarla hacia arriba, a un punto de contacto con la Octava de Luz. Permitidme explicaros esto.
La masa de la gente vive mental y emocionalmente en el reino astral —una condición de pensamiento y sentimiento que es pesada— en un casi constante estado de depresión y otras actividades destructivas. La fuerza de la oración está tan afectada por el miedo, la incertidumbre, la duda y la confusión, que si de algún modo actúa dentro del alma tiene poca dirección, poco ímpetu y, a menudo, no se levantaría de ese reino de depresión y conectaría con la Octava de los Maestros Ascendidos o la Octava de Luz. Los Devas, los Maestros, los Ángeles de oración y otros Espíritus de Ministración constantemente están suspendidos en la atmósfera, especialmente sobre las grandes ciudades, esforzándose en hacer agujeros en esta sustancia psíquica densa y reunir esos débiles filamentos de oración. Estas oraciones y peticiones hacen la conexión entre los suplicantes y el Poder de Dios, el cual viene de los reinos más altos para responder a sus llamadas.
Los estudiantes conscientes (en grupos o individualmente), una vez que conocen esta necesidad pueden convertirse en formidables “Brazos Espirituales” que en todas las ciudades, pueblos y comunidades puedan levantar la fuerza de la oración (tal y como vosotros podríais poner vuestros brazos de una manera cósmica alrededor de toda la gente) y llevarlas sin interrupción hacia el Cielo, combinando con ellas vuestra propia energía consciente y potentes peticiones de asistencia. Tal y como envolvéis una flor dentro de vuestra mano, atraéis esas líneas de fuerza juntas sosteniéndolas hasta que un Ángel, Deva, Maestro o cualquier Espíritu de Ministración pueda reconocer esa energía y atraer de la Presencia Misma de Dios la respuesta directa, dirigiéndola hacia el alma aspirante.
Amado Señor Maitreya

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